"Si a uno le dan palos de ciego, la única respuesta eficaz es dar palos de vidente"

Mario Benedetti

“...y muy siglo diez y ocho, y muy antiguo, y muy moderno; audaz, cosmopolita; con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo, y una sed de ilusiones infinita...

Rubén Darío

…Son muchos los escritores que creen que escriben para ellos mismos; mienten diciéndolo. Porque en realidad todos los que publican se dirigen a otros, sinó, no publicarían. A partir de que uno pública, intenta hablar con otros, comunicarse con otros. Y en mi caso, claramente, yo no escribo para mí. Hacer el amor es mejor que masturbarse, dicen, porque se conoce gente.

Eduardo Galeano

jueves, 31 de mayo de 2012

Ningún pibe nace chorro-


Vivían en Avellaneda, en la casita con el frente de ladrillos a la vista, los pisos de parquet y un patio grande, o por lo menos él lo veía grande. Lleno con las plantas que mamá tenía en las macetas, hechas con latas de dulce de batata que le regalaba el almacenero, y que el padre pintaba de verde. Cuando cerró la fábrica, se acabó el trabajo fijo. Se mudaron a un monoblock, sin patio, sin sol. El padre solo conseguía algunas changas la madre limpiaba en casas ajenas y el andaba en la calle. En tercer año, que ya había repetido, como antes el sexto y el primero, se terminó el colegio. Ya fumaba y era uno más de los pibes que se juntaban en la esquina del almacén. Los domingos iban a la cancha, siempre había algún perejil que se quedaba sin reloj ni billetera. Salía de la cancha cuando pasó frente a la farmacia que, a  pesar del domingo, estaba abierta. No necesitó más que mostrar la navaja y pegar un par de gritos, para que la mujer le entregara un manojo de billetes. Tarde vió la cámara de seguridad y se quedó mirándola como un boludo. Sin una palabra a nadie, desapareció. Durmió donde pudo, tapado con cartones, sucio, lleno de olor, con hambre. Cuando se animó a volver, se enteró de que no había sido reconocido a pesar de las filmaciones. En sus días de prófugo, conoció a un pibe que, como él, había tenido que desaparecer. Unos meses después la dupla realizó más de diez asaltos; estaciones de servicio, farmacias, supermercados. El modus operandi no variaba desde el primer éxito, y duró hasta que una señora, celular en mano, dudó de los chicos que rodeaban al chino del súper y llamó al novecientos once. Seis meses después, recuperaba su libertad. En la cárcel conoció mucha gente que andaba en lo mismo, aprendió mucho. Ahora la violencia era algo más que amenazas y gritos. Hubo varios heridos y un tiroteo del que salió indemne por casualidad. Buscando distancia se fue a la costa y allí conoció a la mamá del nene. Al poco tiempo de estar juntos cayó otra vez y ella se mudó a la casa de sus padres. Cuando nació el pibe, se los dejó a los viejos y ella desapareció. Él lo conoció tres años después y estuvieron juntos hasta ese día que empezó nublado y con frio y terminó con un asalto, con tiroteo incluido, y el delincuente muerto.
El pibe ya fuma, dejó el colegio y se juntó con dos chicos más grandes, Uno más de esos que nadie ve; hasta que entran a un negocio y se afanan lo que pueden y si alguno consiguió un fierro le hacen un agujero a uno que, por ahí, es el mismo guacho que hace un rato le vendió el tubito y le dio la bolsita. Porque el pegamento limpio, no sale, y el comerciante está para ganar, porque, para perder el tiempo; se queda en la casa, viendo tele y pidiendo la pena de muerte para todos esos guachos que no laburan porque no quieren, y es más cómodo afanar lo suficiente para poder comprarle, a los que venden, esas porquerías que se meten adentro.

martes, 29 de mayo de 2012

Nocturnas II


Las nubes bajas, lechosas, descuelgan cortinados de llovizna. Atraviesa la plaza una rubia de pantalones amarillos y campera abultada. La niebla y la distancia le otorgan, cara, cuerpo, y años, a gusto de quien la vea. Ignorante de sus cambios, se detiene en la esquina para esperar el colectivo. El cuidador de autos, refugiado bajo un gran paraíso, levanta los hombros intentando ahuyentar la humedad y el frío en los huesos. Las luces dan una tonalidad amarillenta a las calles. Ya no camina tanta gente. De a poco un carrito se va llenando con cartones y papeles. Hay silencio y seriedad entre los que revisan y rescatan. Está el de la chata azul, con los cuatro hijos y la mujer. El del carrito derrengado y chirriante. El pibe que trabaja solo. Las dos mujeres que llenan bolsas inmensas Hay para todos y aún sobra. Un patrullero pasa muy despacio. El pibe los ve venir, y se agacha frente a una pila de bolsas llenas de papel. Aún es temprano, pero no conviene confiarse. No va a ser la primera vez que lo levantan porque tienen que hacer número. Pero hoy, los policías miran, comentan entre ellos; ni lo ven. Aliviado sigue en lo suyo, los papeles que amontona son una excusa para caminar entre los autos estacionados. Ese es su objetivo; busca puertas sin trabas. En un lugar seguro ocultó un estéreo, una campera, dos agendas, y un portafolio. Olvidos de automovilistas apurados que terminaron en sus manos expertas. Ya llega el sábado, empieza el calor y la gente se descuida. Todo lo que levante se lo llevará al Cuervo, que, sentado tras un escritorio decrépito, juzgará de un vistazo la calidad de lo rapiñado y fijará un valor ridículo, que pagará en el acto. No hay lugar a regateo o discusión. La noche es calurosa, con brisas pesadas de olores que llegan desde el río. Alrededor de los restaurantes, que abundan en la planta baja de los galpones reciclados, la gente camina lentamente, hablando en voz baja. Disfrutan la posibilidad de pasear seguros. A pesar de la hora las mesas, ubicadas junto a los muelles, aún están ocupadas.
Dos chicos y una nena muy flaca llegan a la puerta trasera de uno de los locales. La nena entra y habla con un cocinero. El hombre saca algunas cosas de las cacerolas y se las da, envueltas en papel blanco. Gracias, caricia en la cabeza y festín de los tres, sentados en el escalón de la puerta. Hay gritos, risas exageradas, manitos llenas de grasa, algún golpe, liviano y amistoso.
El viejo camina entre las varas de un pequeño carro. Inclinado hacia delante, es un extraño animal de dos patas que resopla y tira. La caja de madera, montada sobre el eje de auto, que aún conserva el diferencial, rebosa de papeles y cartones. Tiene un buen trecho para recorrer. Con varias paradas para calmar la sed que provoca el esfuerzo. El regreso es sin apuro. Igual nadie lo espera, cuando llegue, ya estará envuelto en la niebla amiga del vino malo. Parado contra un árbol, se dobla con la primera arcada. Le queda el sabor agrio, que trata de engañar con el pucho, que no alcanza. Cruza una calle despreciando el mandato del semáforo. Ni escucha la frenada y la puteada. Concentrado en el esfuerzo y miedoso de los fantasmas que empiezan a rondarlo, apura el paso.
En el único ambiente hay una cama de dos plazas, apenas disimulada tras una cortina floreada, en la que yacen dos cuerpos. Contra una de las paredes de chapa, hay un catre, que ocupará la chiquita, y dos colchones, que en el suelo. Cuando ya están acostados, un saludo y  un susurro que termina con el chasquido de un beso.

sábado, 26 de mayo de 2012

Nocturnas


Se oculta detrás del pilar y espera un rato largo antes de asomarse. Cuando lo hace, la calle, mojada y brillante, está desierta. La policía lo buscó, pero ni se imaginaron que, en vez de correr, se había quedado en la cuadra. Se ríe solo. Él es demasiado vivo como para que esos giles lo enganchen. Encorvado, tenso y alerta, se levanta despacio, sin dejar de considerar cada sonido o movimiento, por más leve o inocente que sea.
Es una fiera urbana. La nueva raza que apareció nadie sabe cómo ni cuándo. Feroces depredadores, primarios y despiadados. Sin códigos, sin reglas. Ignorantes de su crueldad. Integrados en estadísticas, nadie entiende que pertenecen a una nueva especie, que emergieron de los guetos creados cuidadosamente para ellos. Que el mundo es su presa. Que son víctimas de sus víctimas.
Seguro y a salvo, se levanta y, después de mirar bien, se aleja, caminando despacio. Se mete debajo del techito y espera el colectivo. Parado, ahora sí, bien a la vista. Si la cana lo ve, es un obrero que sale para el laburo. Lástima esa alarma de mierda, menos mal que se avivó cuando el chabón apretó el llavero. Le tiró de caliente nomás, porque un tiro se escucha mucho. Además, con un muerto la cosa se pone jodida, para cumplir, la cana se queda dando vueltas y por ahí lo encuentran.
A lo lejos el cielo empieza a teñirse de un gris sucio, con nubes bajas. Las calles son pequeños arroyuelos que fluyen hacia avenida que termina en la costa. Todo se ve como un inmenso espejo empañado.
Los policías encerrados en el móvil, charlan tranquilos y relajados, fue una noche muy calma. La radio suelta chasquidos que preceden a la voz aburrida que menciona códigos, horarios, lugares. Las tragedias habituales de la ciudad filtradas por los números y el aburrimiento.
El hombre baja del colectivo, se acerca y saluda. Alarga a través de la ventanilla una cámara fotográfica
    Fíjense si les sirve, me la regalaron hoy y yo no la necesito
    A ver si mañana te regalan una moneda. Para la birra ¿Viste?
No contesta, mascullando una puteada se va para su casa

miércoles, 23 de mayo de 2012

Primeros pasos III

Al final de mis diecisiete me puse de novio con Luisa, la hija de una amiga de mi madre. Una chica “seria”. En realidad fue la única que accedió a encontrarse conmigo la tarde en que la invité a caminar por la avenida Santa Fe, el día de la primavera. Una caminata de dos horas, apenas cortadas con comentarios de no mas de dos o tres frases desvahidas. Despues, tomamos un par de gaseosas y ahí arreglamos para encontrarnos ese sábado. Ella me invitó a la fiesta que organizaba una amiga y el padre nos llevó en el auto, haciendo chistes idiotas, yo me reía para quedar bien. Estuvimos toda la noche en un rincón solitario. Increíblemente locuaz, logré que ella pasara una noche aceptablemente divertida. Salir juntos fue primero una costumbre que, dos meses despues, se convirtió en noviazgo. No era de las mas lindas, pero tenía todo mas o menos donde debía y del tamaño mas o menos apropiado. Cantabamos en el coro de la iglesia, tomabamos helados, bailabamos en los asaltos, ibamos al cine y, sentados en la última fila, nos besabamos furiosamente. Me convirtí en el mayor conocedor de lugares solitarios a cubierto de miradas indiscretas. La noche del sábado era farragosa. Nos quedabamos haciendo puerta hasta que restallaba el grito de la madre para que ella entrara. Luisa me hablaba de sus sueños de futuro y familia y yo le decía que si a todo, mientras me dedicaba concienzudamente a manotear corpiño y piernas, rompiendo de paso breteles y elásticos de bombacha, mientras armaba laboriosos argumentos para contrarrestar los miedos de ella. Hacía promesas de amor eterno y terminaba masturbándome furiosamente, imaginando el debut. Que, por cierto, no fue con Luisa.
La primera vez fue casi un accidente. Pasé por la casa de Julio, uno de mis raros amigos, y ahí estaba ella, la amiga de una chica que Julio se trajo a la casa, una tercera que le estaba arruinando la fiesta cuidadosamente planeada. Encantado con el inesperado complice, aprovechó para presentármela y perderse de vista en el dormitorio de los viejos, ausentes por el resto del día. La que se quedó conmigo, era alta, flaca, bastante fea, pero muy decidida, tanto que al rato nomas estaba en el sillón; con ella arriba, guiándome y riendo a costa de mi timidez e inexperiencia. Cuando todo pasó, noté el olor a sexo y sudor, fuerte, penetrante, y me dio miedo. 
    ¿Y si me agarré una “pudrición”?
Me sobresaltáron los gritos de mi amigo que pasaba por la misma situación con la otra. Y volvi a exitarme y todo comenzó otra vez. Todos mis temores olvidados por los juegos sabios de las manos y la boca de mi compañera.
A partir de ese día, cada vez que los padres viajaban a lo de la abuela, que vivía en la capital, Julio me llamaba y nos encontrabamos con las dos amigas. Hasta el día aciago en que una avería en el motor forzó el regreso anticipado. La irrupción de los viejos interrumpió una incipiente orgía. Parado junto a la puerta, sosteniendo aún el picaporte, el padre con una cara de orto que asustaba, detrás, la vieja, tratando de ver todo mientras nos gritaba
   ¡Asquerosos de mierda! ¡Degenerados! ¡Que yo tenga que aguantar esto en mi casa!-
Y las chicas, que trataban de ponerse la ropa de cualquier manera y yo que no podía contener una risa nerviosa, aún en calzoncillos y ante la posibilidad muy cercana de ligar un par de trompadas del ofendido dueño de casa.  Los tres salimos a los tropezones, dejando a Julio solo ante la tempestad que se le venía encima, enteros contra todos los pronósticos. Me pareció ver un atisbo de sonrisa cómplice en la cara del hombre. Por una semana mi amigo no apareció. Despues todo volvió a la normalidad. Incluso hubo alguna que otra sesión conjunta que llegó al intercambio de parejas. Julio me contó que, ese día, la madre estaba como loca. No quería ni hablarle. El padre le dijo que era un boludo, que tendría que haberle avisado y eso fue todo. El domingo siguiente, a la salida de misa, me crucé con los padres de Julio. La mujer dio vuelta la cara como si mirarme fuera demasiado para su estómago. El padre me saludó con un gesto y me guiñó un ojo al pasar a su lado.-
Luisa ya estaba para decir que si cuando empezó el ardor y la picazón. Lo llamé enseguida a Julio y me enteré que estaba igual. Juntos fuimos a ver al médico que me atendía desde siempre. Nos revisó, arrugó la nariz y nos recetó unas inyecciones. Ahí si que se terminaron los encuentros y Luisa obtuvo una tregua enojosa y frustrante en la pelea por mantener su virgindad, claro que un tanto ofendida o mas bien, extrañada. Un mes despues nos dieron el alta y una admonición
   Esta ves la sacaron barata. ¡Hay que usar forro! Se podrian haber pescado algo mucho peor
Nos juramos mantener el secreto. Promesa dificil, porque estabmos comprensiblemente orgullosos. Tuvimos una venerea, para los demas no sabiamos con cual de las minas que saliamos nos habiamos contagiado.
Ahora era el turno de Luisa que, extrañada, complacida y asustada se entregó al jugueteo que, esa vez, no terminó con la huída. Ahora estaba de novio “En serio” Alguna vez, Luisa me preguntó el porque de mi repentino desinteres. Aduje que la respetaba mucho, que quería estar seguro, que no quería lastimarla y ella suspiró agradecida.

lunes, 21 de mayo de 2012

Primeros pasos II


En esa época el zaguán me parecía la nave de una iglesia. Mamá me llevaba de la mano y papá se mantenía detrás. Cuando salimos a la vereda nos pusimos todos juntos para las fotos que sacó mi tía. El guardapolvo blanco me raspaba las piernas solo cubiertas hasta las rodillas por las medias blancas. Las zapatillas le dejaron el lugar a los zapatos, negros y brillosos, atados con cordones que, según la admonición de mi viejo, si se desatan me rompo el alma. El pelo, que Don Ángel me cortó prolijamente, sujetado a gomina, y una insólita corbata negra. Completa el conjunto un gran portafolio, de cuero, inmenso, cerrado con dos correas y una gran cerradura central. Recibí besos de todos, buenos deseos y recomendaciones en una ceremonia que duró sus buenos diez minutos. Y me fui de la mano de mi mamá que me llevaba la valija. Cinco cuadras que, por esta vez, serán solitarias. Llegaremos mas tarde a pedido de la directora que quiere pulir los últimos detalles de mi presencia irregular, los otros chicos entraron una hora antes.
Cinco años recién cumplidos. Para llegar a este momento hubo que convencer a la directora y eso llevó tiempo. Tuve que mostrar que sabía leer y escribir, que me animaba con las cuentas de sumar y restar, y que mentía convincentemente. Todo para recorrer un año de "mi mamá me ama" y cuatro horas de encierro cinco días a la semana.
Esperamos un rato, parados junto a la puerta de la dirección. De una de las aulas, salió un gordito muy serio que hizo sonar la campana dos veces. Aún reverberaba el sonido cuando todo se llenó de gritos y corridas. Un chico me saludó desde lejos. Alguno miró, sobrador y canchero. Todos me ignoraron. Yo miraba todo y apretaba los dientes. Al rato, apareció la directora, imponente, enfundada en un  blanquísimo guardapolvo, tan duro como el mío, ostentando una flor roja en el ojal derecho. Las dos mujeres se saludaron acercando las mejillas. Hablaron un poco, yo no escuchaba nada. Mamá se fue casi sin despedirse. Un beso rápido, la última recomendación y quedé solo con la gorda asquerosa que me ordenó esperarla. Ahora, avergonzado, sin saber porqué, vi al pibe que, otra vez, hizo sonar la campana. Las corridas se paralizaron, se terminaron los gritos. Los chicos se formaron y volvieron, desfilando, a las aulas.
-Bueno querido, vamos a tu grado
La mujerona me agarró la mano con una sacudida y me condujo por el pasillo hasta una puerta encristalada.
Cuando entramos al salón los alumnos se pararon al lado de los bancos y salmodiaron un
-"Bu-e-nos-di-as-se-ño-ra-di-rec-to-ra"
Veintidós cabezas giraron para mirarme en medio de un silencio que aturdía. Solo vi las gastadas tablas del piso. Sentí que tenía las orejas calientes y la cara muy  roja. La clase entera, en silencio, me estudiaba, conocía a varios, recibí alguna que otra señal amistosa, no vi ninguna. La gorda cuchicheó con las maestras y se fue sin decir una palabra
-Yo soy la señorita Rosa
Petisa, pecosa, enérgica, con un delantal celeste manchado con pintura
-Ella es la señorita Aurora, y las dos vamos a ser tus maestras. Espero que te portes bien y no nos des trabajo-
La súbita parrafada me sobresaltó. Hubo alguna risita, que Rosa evaporó con una mirada
Aurora me señaló un banco, el segundo de la fila del centro. Sin levantar la cabeza, caminé hacia el asiento vacío. El aula me pareció inmensa, los pocos metros que recorrí hasta mi lugar, kilómetros. Sentía que me achicaba con cada paso. Al fin llegué y me senté, ni moví la cabeza, solo atiné a quedarme quieto.-
-Tenés que escribir en el cuaderno, sacá el lápiz y la goma
Una corriente cálida apartó un poco el aislamiento. Cincuenta años después aún me acuerdo de ese primer momento y de esa voz amiga en medio del ambiente hostil, apabullante. De a poco fui levantando la vista, nadie me miraba, pero persistía la sensación de ser observado y el miedo seguía intacto.
Mi compañero de banco era un chico negro, muy negro, con el pelo crespo y una cicatriz con forma de L invertida en la mejilla.
-Dale saca el cuaderno antes que Rosa se enoje y te grite, hace las rayas derechas, borra despacito porque si no rompes la hoja y Rosa te mata, si no sabes cómo hacer decime y...
-¡¡Obella se calla!!...
Rosa cortó el dialogo y me paró el corazón. Sin aliento, boqueando, me zambullí en el portafolio para sacar las cosas que necesitaba. Abrí el cuaderno en cualquier página y garabateé las letras que escritas en el pizarrón. En el tercer renglón la punta del lápiz, filosa y larga, se rompió. Me quedé mirando la madera desnuda y sin objeto. Antes de la angustia, que borró todo, sentí llegar las lágrimas. Lloré, lloré a los gritos, desesperado, lleno de rabia, de impotencia, de miedo. Todo lo acumulado desde el momento en que supe que había perdido mi primera batalla.

sábado, 19 de mayo de 2012

Primeros pasos I


Solo en ese universo aterrador, las sombras danzan al compás de rugidos y ramalazos deslumbrantes. Tiene mucho miedo y es en vano buscar refugio en la sábana que solo lo envuelve. Allá, tras el rayo de luz que trae las voces familiares, está lo desconocido. Muy quieto, espera, pero solo hay oscuridad. Tensa todos los músculos en el tremendo esfuerzo de levantarse sobre los codos. La goma que llena su boca soslaya el llanto. Aún perduran las sensaciones del mundo en que vivía ayer nomás, el agua burbujeante que lo rodeaba, protegiéndolo, los sonidos que llegaban amortiguados, la absoluta comodidad de la bolsa que lo contenía, aún cuando empezó la opresión y esa fuerza irresistible que lo arrastró hasta encajarlo en un tubo estrecho y dejarlo a merced de seres extraños que tiraban de él. Indefenso, conoció el miedo y el dolor que fue prologo de la luz, el ruido, el frío y el hambre. Ahora, aunque se estire y patee,  no encuentra límites y ya descubrió que no está solo. Seres inmensos y extraños, lo levantan, lo tocan. Ruidos, cacofonía que lo aturde y no entiende, risas que ya conocía de antes y nuevas. Tiene hambre, está solo, y quiere que vengan a buscarlo.
Está en el borde de la cama, desciende al abismo agarrado de la colcha que cuelga y de la que se aferra está parado. No le es fácil manejar sus piernas fofas y haraganas, pero adelantando una y otra, balanceándose, con el miedo sujeto por el hambre, añorando los brazos que siempre están, avanza. Son sus dos primeros pasos. Se cae y, apoyado en las manos piensa en seguir así, pero vuelve a erguirse. Los ruidos se acallan, Todas las cabezas giran hacia él, que se asusta. Hay gritos y risas que señalan su hazaña, pero no entiende el porqué y, ahora sí, francamente aterrorizado, se cae y queda sentado, llorando, con su flamante seguridad rota en mil pedazos. Los brazos conocidos lo levantan, lo tranquilizan, vuelve el murmullo suave que apenas entiende, pero que lo tranquiliza. De a poco, hipando y con ocasionales llantos, vuelve la tranquilidad. Abrazado a la madre, engañado por el chupete, trata de pasar el momento. Decide que nunca más intentará caminar solo. Aún ignora que empezó a vivir



jueves, 17 de mayo de 2012

Dialogos II


     Si yo no quiero, la luz se va
     La luz está siempre, nadie puede evitarla
     Yo sí, la luz no me gusta. Por otra parte; tampoco me gusta la oscuridad. Sombras, perfiles, grises; eso es lo que quiero, es lo bueno, aunque nadie se dé cuenta
   Vos no podés manejarlo. Hay ciclos de sol y ciclos de sombra que se repiten y se repetirán
     La luz es mala, marca los contrastes, muestra la mugre. Hiere los ojos y obliga a mirar lo que no queremos
     Es lo que hay y mejor que podamos verlo
     ¿También es bueno quemarse hasta que se cae la piel? Sentir el sudor que brota de cada uno de los poros y la sed, la sed monstruosa, la lengua hinchada, los labios resecos y lastimados
     Sucede, y es malo, pero es una parte
     Pero si lo evito mejor, si no hay sol, si todo son sombras el mundo es más seguro
     No, solo es más oscuro y más aburrido. No se puede pasear por los jardines, o sentarse a leer bajo un árbol. No hay chicas mostrando la piel bronceada
     Las mujeres siempre son de otro y verlas sin ropa me hace calentar la cabeza, es malo y sucio y ¿Para qué leer? Mejor escuchar lo que te cuentan. Eso hacía mi papá, me leía cuentos. Eran lindos los cuentos, todo terminaba bien en los cuentos, de noche me los leía, y después me dormía tranquilo
     Bueno, pero eso era antes, ahora sos grande
     Pero no me gusta ser grande, cuando uno crece se entera de cosas
     De chico también se conocen cosas
     Sí, pero de chico decidía mi papá. El sabía que era lo mejor para mí, yo solo tenía que obedecer
     ¿Y nunca se te ocurrió pensar por tu cuenta?
     No; solo una vez, cuando pasó lo de la playa y el padre de ella se quejó con mi mamá y ella se lo contó a mi papá y él me dejó los ojos negros y me ató al sol hasta que la noche me alivió
     ¿Y qué pasó después?
     Nada, aprendí que no tenía que hacer eso nunca más; que era malo
     Pero ¿Nunca más tuviste una novia o por lo menos una amiga?
     Si tuve, pero eran todas iguales, malas, sucias, por eso me casé con la única que era; como decía mi papá “Una buena madre para tus hijos”
     ¿Estabas enamorado de ella?
     No sé, nunca lo pensé. La hermana sí que me gustaba, era linda, yo no quería ni mirarla  a la hermana, tenía miedo a que ella se diera cuenta
     ¿Y qué pasó después?
     Nada, se puso de novia y se casó, cuando se fue mi mujer; no la vi mas
     ¿Y a tu mujer la viste otra vez?
     Una vuelta la encontré, pero me hice como que no la vi y miré para otro lado. No quiero tener problemas, pensar, preocuparme. Después la vi en la parada del colectivo. Ahí fue que dije basta y empecé a salir nada más que de noche. Con la oscuridad no veía nada, sin luz todo es mejor
     Pero ¿Cómo hacías durante el día? eso te servía de noche
     Me las arreglaba; en casa tenía siempre las ventanas cerradas, hacía las compras a última hora y no salía para otra cosa. Así que todo bien
     ¿Y con el trabajo?
     Conseguí un puesto de sereno. Por un tiempo funcionó, pero después me echaron y ya no salí mas hasta que me vinieron a buscar
     ¿Y sabés porque te fueron a buscar?
     No, yo no quiero saber nada, me lo dijeron, pero le pedí a mi viejo que hablara con ellos. El sabe qué hacer, yo no pienso
     ¿Sabes qué pasó con esas mujeres, con la hermana de tu mujer y con tu mujer?
     Yo no sé nada más que lo que me dicen que tengo que saber
En algún lado resonó un grito. Las ruedas de goma no evitaron el estrépito de los cacharros que traían la comida. El hombre de guardapolvo blanco se levantó de la silla y palmeó la espalda del que estaba sentado delante del escritorio. 
El hombre salió de la oficina-consultorio en medio de los dos enfermeros. Al final del pasillo, la cegadora luz del sol de mediodía, indicaba la salida. El hombre se cubrió la cabeza con la manta que llevaba siempre con él.
     Listo, ahora podemos salir, el sol ya no está
Tropezó con el dintel y estuvo a punto de caer, pero uno de los enfermeros lo sostuvo. Agradeció con un murmullo ininteligible.
Por debajo de la manta entrevió un cantero rebosante de terrones negros. Se acordó de las dos hermanas que enterró en el jardín de su padre para protegerlas de la luz. Las únicas mujeres que amó.

miércoles, 16 de mayo de 2012


¡¡¡OTRO LOGRO DEL INTENDENTE PULTI EN PRO DE LA CULTURA!!!
Desde ayer y hasta el viernes permanecerán cerradas todas las bibliotecas, museos y el teatro Colón, esto es porque no se pagaron los seguros civiles y médicos que cubren las instituciones
Además en el día de ayer se firmó la escritura para que el municipio tenga a su cargo la destrucción de un nuevo centro cultural, La Casa del Puente que, a no dudarlo, en poco tiempo más estará tan destruido y falto de mantenimiento como todo lo que se refiere a la cultura de nuestra ciudad. Tampoco podemos dudar que el Consejo de Cultura dejará oír su voz clara y valiente ante estos sucesos que deben llenarnos de orgullo ¿O NO?

lunes, 7 de mayo de 2012

La calle es para los autos


Cuatro, diez, cien pibes y un país que empieza a interesarles
Gritos, ordenes, violencia, represión
Ellos mas allá, palos, impotencia, piedras, derechos; que no importan
Colman una calle. La calle es de los autos. Hay que vivir en orden.
Carga la policía. Palos, porque tienen que entender, la política es de los otros, de los que piensan bien, ellos son chicos, quieren derechos, están infectados. Tiene que estudiar, mala palabra, aprender, peor, pensar ¡Inconcebible! Solo vale trabajar para producir riqueza. Reprimir, patrullar, requisar, apalear, encerrar, violar, torturar, matar. Todos tienen que ceder. De los borregos es obedecer y callar, hay que vivir en orden.
El prolijo, silencioso, pacifico y tranquilo orden de los cementerios

sábado, 5 de mayo de 2012

Dialogos al paso


     Ufff,  menos mal que llegué ¿Ya pasó?
     ¿Perdón? ¿Cómo voy a pasar si estoy acá?
     ¡El cole! Le pregunto si pasó el cole
     Bueno, no se para que quiere saberlo, pero igual le voy a contestar por educación;  al cole lo pasé hace rato ¿Y usted?
     El primario y la escuela técnica para el secundario
     ¿Por qué la escuela técnica?
     Para tener un trabajo rápido, mi viejo laburaba en el frigorífico y murió cuando yo era chico
     ¡Sentido pésame por su papá!  ¿Un accidente de trabajo? ¿Neumonía?
     Tenía tuberculosis, por el frío de las cámaras ¿vió? Pero murió de un tiro cuando la huelga
     ¡Pobre! Los violentos, como siempre
     No, la policía, Yrigoyen  rompió las huelgas a pedido de los conservadores
     No mi amigo ¿Fue en Zarate no? Los radicales tuvieron que parar a los anarquistas para proteger a los obreros de ellos mismos, como en la Patagonia
     A mi papá no lo protegieron muy bien porque se murió
     Bueno, son detalles
     Yo entré a trabajar en una fábrica, hacíamos radios
     ¿Una fábrica de radios?
     De todo había fábricas, radios, muebles, heladeras
     Perdón ¿El señor vivía en China?
     ¡China! ¿Cómo voy a vivir en la China?
     No, como dice que hacían todo eso. Se sabe que acá no hacemos nada, todo se lo compramos a ellos
     Antes hacíamos todo, esto estaba lleno de fábricas, desde el puerto llegaban vagones de materia prima ¡Tres turnos laburábamos!
     Pero mi amigo; usted vive en el ayer. Las fábricas traen mugre, ratas, sindicalistas. En cambio ahora hay edificios, shoppings.  Mire el puerto, con los veleritos y los restaurantes y el tranvía. Todo como debe ser ¿Para que las fábricas? Tenemos que exportar granos y carnes, somos agro ganaderos
     Yo no tengo campo ni vacas. Ni laburo tengo
     Bueno, bueno, trabajo hay, cuando pasé por la pizzería todavía estaba el cartelito, piden un pibe de buena presencia para delivery
     Tra—ba—jo, digo yo, obreros, técnicos…
     Mire mi amigo, un trabajo es un trabajo, lo demás ¡Política!
     ¡Ahí viene el colectivo! ¡Adiós!
     Trabajo, obreros, fábricas, colectivismo ¡Yo le vi pinta de zurdo! ¡La gente decente ya no puede andar tranquila por la calle! ¡Con los militares estábamos mucho mejor!

miércoles, 2 de mayo de 2012

No existiría el blanco sin el palpitar del negro


Primero fue una idea. Meditó mucho. Hizo un balance de sus actuaciones y al final; se decidió. Últimamente la cosa no venía bien. Su función estaba desvalorizada, mucha competencia. Mucho Hollywood. Siglos tratando de consolidar un proyecto que no pudo enfrentar los cambios ¡Si hasta Freddy Kruguer era más reconocido que él! Consultó con Caronte, se lo anticipó a la parca. Con Dios no pasó nada, una eternidad sin hablarse. Cuando se enteraron arriba, hubo corrillos de santos, angelitos culones y arcángeles, el ascensor subía y bajaba, mil veces por dia, desde el primer círculo hasta el pent-house del Edén. Nadie pudo convencerlo. Una tarde, le dio un gran abrazo a Jesús, dos mil años de amistad, se despidió afectuosamente de una llorosa Magdalena. Llenó sus valijas, arengó a sus seguidores, abrió cadenas y grilletes, apagó los fuegos, dio un largo vistazo a sus ígneos señoríos, saludó a los que quedaban con un: “Adiós perdedores” y, acompañado por unos pocos fans, se tomó el bondi. Desde una de las ventanas del paraíso, Dios contemplaba la partida, mientras pensaba - “Uy yo ¡La que se viene!” – Los días que siguieron fueron inquietos, de gran desasosiego. Si, es cierto, los festejos se dieron por todas partes, los del purgatorio bailaban a las puertas del tártaro, recolectando piedritas y recuerdos, y se asomaban arriba tímidamente, como temiendo que los sacaran a patadas. En el mundo de acá abajo, el impacto se demoró un tiempito. Alguna médium se enteró por terceros, algún general se quedó sin cadena de mandos superiores, el gran Maestre de una orden satánica se cuestionó el sacrificio de una gallina. De a poco hubo certezas y entre los fieles seguidores del bien y lo justo, hubo suspiros aliviados y mucha preocupación por el futuro,  ya no tendrían parámetros ni inspiración, ni siquiera supuestos enemigos a quiénes enfrentar. Deambulaban atontados entre humaredas de inciensos y aturdían micrófonos con parrafadas absurdas en las que abjuraban de lo que había dejado de ser, haciendo como que era. Nadie pudo precisar un encadenamiento cronológico de sucesos. Algunos señalan como punto de partida; la iluminación del pastorcillo que achacaba al malo su zoofilia “Yo no quiero, pero Él me tienta. O tentaba. O me gusta”. Otros señalan lo que sucedió con un conocido predicador que, sermoneando fervorosamente a su grey, desencadenó un coro de carcajadas cuando dijo “Echaré al maligno de sus cavernas de fuego” No menos relevante fue el papelón de un exorcista que, en medio de su trajín, se quedó de piedra, al ver que su acometido le miraba fijamente, mientras subía y bajaba la mano derecha con los dedos pegados. Una multitud silenciosa, lentamente, casi sin tomar conciencia, asumía su responsabilidad. El lado oscuro, cuidadosamente alojado en el secreto más absoluto; aparecía. A salvo de tentaciones, los enamorados daban rienda suelta a la pasión, prescindiendo de tramitazgos burocráticos cuya única razón de ser era, o mejor, había sido, disimular el triunfo del instinto por sobre las formulas. Venerables damas fatigaban boliches de onda y bailes de “Solos y solas”; sus amantes habían sido recusados a cambio del silicio de innumerables días de rezos y efervescencias, desveladamente sacrificadas por una plaza en el paraíso; que ahora, era destino único. El santo padre no hacía más que rascarse la cabeza, la ausencia de tentaciones había generalizado el estado de gracia y con esto la función del clero se tambaleaba. Se dio el caso; francamente curioso; de que, en resguardo del bien y pidiendo por la salvación eterna, cierto obispo elevaba sus ruegos por la vuelta de Satanás. Si acá la situación se tornó delicada, que decir de las alturas. Cerrado el averno, sus habitantes se diseminaron por las adyacencias. Era estremecedor ver al marqués de Sade enfrascado en interminables peroratas con San Francisco que no podía entender porque le habían privado de conocer a tan formidable pensador. Mezclados entre la multitud había inquisidores, comisarios de la bonaerense, milicos de todos los procesos, actores en decadencia y rufianes aun más oscuros, periodistas a sueldo, uno de estos se hizo muy conocido porque, a pesar de sus esfuerzos, siempre estaba solo. Los más resbaladizos se apropiaron de los aposentos que Luzbel había abandonado y, desde esas oscuras profundidades, movían los hilos de una hermandad nefanda que ganaba poder sin apuros. Dios, contemplando las manzanas del paraíso que, se pudrían en los arboles, ya que las serpientes, despojadas de su oficio, habían vuelto a su costumbre de picar a los que se animaban a estirar la mano, pensaba y pensaba, sin encontrar una solución. Jehová reunió a sus consejeros y a los jefes de los demás paraísos y se encerró con ellos; la situación apremiaba y había que pergeñar una salida a la crisis. Seis mañanas discutieron, y nada. Seis tardes, y los ánimos se caldearon. En la sexta noche se gritaron e insultaron, Mahoma estrelló una miniatura de la torre de Babel contra el suelo, y ¡el acabose! Alá y su colega, el dueño de casa se agarraron a las piñas. Cuando pudieron separarlos, Alá se fue dando un portazo, la reunión terminó con una profunda división en la familia y con un Jehová que repetía, a quien quisiera escucharlo, que a ese maleducado tampoco le dirigiría la palabra por toda la eternidad y, aunque El era el dueño de la verdad, nadie le creyó demasiado, los paraísos estaban muy próximos y las huríes eran muy hermosas. Para no cortar el dialogo, nombraron mediador a Confucio, que pudo hacer poco porque su reino era inmenso y la caridad bien entendida empieza por casa. Así las cosas, Dios decidió romper el silencio y, con la excusa de una gira, se llegó hasta la Antártida. Luzbel que descansaba en el helado continente, miró, curioso, el blanco vehículo que se acercaba y casi se cae cuando vio a la celeste figura que descendía ¡Como en los viejos tiempos! Pensó, mientras se confundían en un abrazo. Y ahí decidió volver.

domingo, 29 de abril de 2012

Nada cambia demasiado

Hay días nuevitos y relucientes; o no.
Gente que deja camas tibias, de sábanas acogedoras.
Otros que despiertan en medio de la mugre y el frío.
Colectivos que se llenan de ojos legañosos y bostezos frecuentes.
Proyectos y tiempo, que pasa para pasar.
Y el rebaño se mueve obediente.
Temeroso de un arriero que cambió caballos y gritos; por vida que no tendrá nadie, pero que todos entrevén y desean.
Un espejismo en el desierto de vidas desiertas.
Las cosas no salen como se las piensa.
Nada es tan simple como para preverlo, y el tiempo es un colectivo que siempre se está yendo.
Que cambia la mirada.
Que borronea todo, hasta que ya no se sabe si las cosas pasaron o solo fue imaginación.
Y una realidad  hace dudar de la otra.
Porque todo queda atrás.
Nada cambia demasiado y todo es irremediablemente diferente.
Una sucesión de espejos en los que nos reflejamos hasta el infinito.
O hasta que el último nos anuncie el final.
Aunque alguien piense que el final ya está.
Que da acá no pasa.
Que ya no hay remedio.
Y otro se asombre por todo lo que dejó atrás, que pensó definitivo y que fue solo un momento, que ya pasó, que llegó a recuerdo sin darse cuenta, sin que lo afecte.
Ni siquiera en esa tarde de fútbol que disfrutó tanto que se olvidó de todo.
Hasta de aquello que jamás podrá llegar a olvidar.
Una sucesión de momentos.
Una definición tras otra para explicar lo inexplicable. Para aprehender lo que nadie puede tener.
Todo está allí, agazapado en un único momento definitivo, tan enorme, tan inmensurable, que solo pocos lo perciben.
A muchos esa percepción les cuesta la vida y para otros es la excusa y el fin de su paso.


miércoles, 25 de abril de 2012

Ave Fenix


La inmensa oficina resplandecía en el sol de la tarde. Él lo miraba con el ceño adusto, mesándose la cuidada barba.
Sin que se lo pida empezó con una serie de informes, mostró gráficos, proyecciones de marketing y opiniones de consultores. Él lo cortó con un gesto
   Cuando decidimos desligarnos y privatizar éramos líderes absolutos. Teníamos el noventa por ciento del mercado y dábamos un servicio que, concedo, no era el mejor, pero la gente estaba conforme y nos seguía. Hoy, después de años de gestión privada, todo se vino abajo. Faltan inversiones, se aprovecharon del virtual monopolio. Solo les interesa acrecentar las ganancias. Nuestra gente, los buenos, se pasaron a otras prestatarias y los pocos que se quedaron, son ignorados y están diseminados en los peores lugares, ninguneados, maltratados. Llegó la hora de volver las cosas a su lugar. Cumplir la función para la cual creamos la empresa. Recuperar todo  
   Pero, ahora es muy difícil volver a tener todo en nuestras manos. La competencia se aprovechará de nuestras marchas y contramarchas. Seremos el hazmerreír de todos, perderemos credibilidad
   Si, ya lo pensé y la conclusión es obvia; hay que ir a fondo
   ¿Vamos a anular la privatización?
   No solo eso, vamos renacer como el ave Fenix
   Es terrible ¿Todo otra vez?
   No queda otra;  habla con Noé, él sabe qué hacer, decile que esta vez ponga también un avión

lunes, 23 de abril de 2012

La señora


La mujer mira sin ver los jardines del rosedal trajinados, diez pisos más abajo, por diminutas figuritas sudorosas. Piensa en él, y una vaga sonrisa delata lo que imagina. Una semana antes, se cruzaron en la muestra y una obra cubista, disparó la charla que prosiguieron en un café y luego en ese nuevo restó, tan privado, tan caro. Las noches que siguieron fueron de cenas, teatro y lugares muy exclusivos. Al principio imaginó una esposa; pero casi inmediatamente, el aventó su sospecha invitándola a su casa; un piso espectacular en Recoleta. Claro que advirtió los modales afectados y las pifias en el léxico; ya se había dado cuenta que la charla sobre el cubismo no era más que un texto aprendido de memoria. Pero es buen mozo y se viste bien, se le nota a la legua la fortuna flamante y las ganas de gastar con clase. Todo un caballero, o por lo menos un gran esfuerzo por serlo.
Ella lo intimida un poco, pero está dispuesto a complacerla en todo, total, en apenas tres días, ya será historia. El lunes vuelven los dueños del departamento, o sea que hoy será la última noche. Su trabajo, o la excusa, es cuidar las casas de gente que viaja. Lo llaman siempre porque es de suma confianza, impecable, jamás toca nada y rinde prolijamente los gastos, hasta cuida el detalle de dejar una suma sobrante.
Esta vez, la mujer vale las molestias, relativamente joven, alta, muy elegante, buen cuerpo. Usa las joyas con la soltura que impone la costumbre y las charlas, inocentes y casuales, le informaron que trabaja con una de las escribanías más prestigiosas. Buen  pasar, buen dinero.
La última salida. Sigue estrictamente la rutina y mediada la noche, llegan al departamento. Una botella en el balde y las copas llenas. El celular vibra, se excusa antes de levantarse para atender. Es el dueño de la agencia que le anuncia una nueva guarda; es hora de terminar.
Vuelve al living, ella ya está en el sillón, bebiendo mientras lo mira a los ojos.  
No puede moverse, tiene brazos y piernas sujetos y la boca clausurada por dos vueltas de cinta. Trata de sacudirse, pero es imposible, los sunchos de plástico no se aflojan jamás. Vuelve la cabeza cuando advierte la cercanía y se queda sin aliento al ver la navaja de afeitar
No te asustes, ya no hay peligro. Quería saber dónde estaba la caja fuerte, pero no hizo falta preguntarte, la encontré enseguida, muy poca plata che, pero bueno, todo lo que me llevo es valioso
Miró con miedo la jeringa que, casi mágicamente, apareció en su mano
Es solo un pinchacito en la vena del pié y después un poco de tos, cuando la burbuja llega al corazón ¿Viste? Es una lástima, pero tengo que hacerlo, un día, fatalmente nos vamos a cruzar y, vos lo dijiste, nunca vas a olvidarte de mí
La mirada desorbitada sigue al émbolo que empuja el aire que, lentamente, va hinchando la vena.
Abrocha los comprobantes de los gastos de mantenimiento, expensas, y servicios que pagó, en minutos llegará el dueño del piso y quiere tener todo en orden. Las dos valijas con sus cosas esperan prolijamente alineadas junto a la puerta, ya envió el resto al piso que va a cuidar desde hoy.
Para esa mañana eligió un conjunto rosa y el collar de perlas que encontró en la caja fuerte del piso que desvalijó. Pobre tipo, piensa, era muy buen mozo. 

sábado, 21 de abril de 2012

Las cosas por su nombre


Condenamos el trabajo esclavo; pero compramos ropa de marca aunque solo lleguemos a la trucha
Somos de mente abierta e inclusiva; pero nos burlamos de los homosexuales y nos horrorizamos hasta el grito ante demostraciones de amor entre personas de un mismo sexo
Bien por la clausura de La Posadita, escrachemos a Madajo´s; pero también dejemos fuera los boliches con stripers
Defendemos a la educación pública, pero a los chicos los educamos en colegio privado “porque no hacen huelga viste”
Hablamos de pibes “normales” por oposición a los “negritos” de buzo con capucha y gorra con visera
Y la cosa sigue y se llama hipocresía
Las cosas por su nombre

viernes, 20 de abril de 2012


Cuando era chico Tarzán estaba en el árbol de mandarinas del fondo, el burro que me alquilaban en Córdoba era Silver, el caballo de Poncho Negro, los barcos piratas se armaban con sillas al revés y el hombre invisible aparecía en cualquier esquina

miércoles, 18 de abril de 2012

Interrogantes


¿Por qué España destruyó Aerolíneas Argentinas, vendió todos los activos y nadie se ocupó de condenar esos manejos?¿Por qué Rajoy saca pecho por una empresa que no tiene nada de gallega?¿Por qué estando su pueblo en la lona el rey se dedica a matar elefantes?¿Por qué Los grandes diarios nacionales defienden los intereses  de Repsol en contra de los intereses de nuestro país?¿Por qué la oposición es tan pero tan primaria y en vez de utilizar argumentos concretos solo ataca con discursos vacíos?
¿Por qué Mauri tiene miedo por su hija? Difícil que el llegue a ser presidente 

sábado, 14 de abril de 2012

Hay que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro (para mi; hay que leer mas de uno)


Hoy escuché lo de plantar un árbol…etc. Caí en la cuenta que planté más de veinte, tengo más de un hijo y varios nietos, escribí, hasta ahora, cuatro libros. Ando rondando los setenta años, mido un metro noventa, peso noventa kilos y mi coeficiente intelectual no sé cuál es, nunca he tenido la necesidad de medir mi inteligencia, me place pensar que la tengo acomodada al cuerpo.
No soy erudito ni mucho menos. Algo he leído, algún conocimiento he adquirido en tantos años, pero como suele pasar con los pobres autodidactas, la falta de rigor científico y disciplina académica han creado en mis neuronas una cierta confusión, a veces llego a pensar que la prensa informa, que los políticos piensan en sus votantes, y que nosotros, algún día, tendremos el sublime placer de ejercer la democracia, una señora a la que se quiere matar a fuerza de corrupción, contubernios y falta de ideas y que si todavía resiste es porque, a pesar de quienes llegan arriba, aún tenemos ideales, y así continuarán, mientras haya trasnochados que transmitan sus ideales a los chicos. Para que ellos no se dejen engañar con futuros venturosos y exijan presentes dignos, para que sepan que realmente hay cosas que valen más que la figuración y el poder y que nada hay más fantástico que sentírselos en su justo sitio.-

viernes, 13 de abril de 2012

Reencuentro


Atrasado, ansioso, esclavo del celular. Trajinando juzgados, audiencias, burocracias. Respirando humos ajenos. Bajando y subiendo escaleras colmadas.
A mediodía, decidí que ya había corrido demasiado y que, siendo viernes, con lunes feriado, bien podía darme el lujo de un almuerzo en el shopping.
Abordé la escalera mecánica hasta el primer piso. Siempre temo que, al bajar, el taco, la suela, o alguna cosa, se atasquen en los escalones que desaparecen y yo acabe desparramado en el suelo, como  acto vivo para los paseantes. Así que mis viajes terminan con un saltito y la consiguiente mirada para constatar que nadie ha advertido mi miedo. Por eso la vi.
Me quedé parado en medio del paso. Todo se detuvo. Otra vez fui el chico, flaco y granujiento, que la miraba de lejos, cobarde y frustrado. Cuando por fin junté coraje, me animé y caminé hacia su mesa. De la nada apareció un chico, que se sentó a su lado y le hablo con apremios. Ella rebuscó en la cartera y satisfizo, rápidamente, el pedido; como si quisiera quedarse sola. Se quedó mirándome mirarla por un instante, y luego aceptó reconocerme. Yo, mientras caminaba hacia su mesa, empecé a dudar.
Esta mujer se le parecía, pero desmiente la semejanza en los ojos sin asombro, que parecen haber visto todo. El cuerpo casi rollizo. El pelo opaco y teñido. Las tetas que tironeaban los botones de la blusa. Para mi asombro, al mirarme, ensayó una sonrisa. No era esa mujercita de dieciséis años, que enrojecía tan fácil como se asombraba, con su pelo negro y brillante, que apartaba al besarla, que apretaba contra mí el cuerpo esbelto de pechos pequeños y orgullosos que cabían en mi mano. Igual, seguí caminando. Ella pugnó por levantarse y, aunque todavía lejos, me saludó con un;
      ¿Cómo estas, tanto tiempo?- frase absurda e inconexa que antecedió a:
       ¡Cosi!-
Premeditada zancadilla para desenmascararla. Solo la auténtica Cosi puede saber que la llamaba así. Incrédulo, la escuché contestar el saludo con una risa franca y alegre que me resultó levemente familiar.
      ¡Todavía te acordás!-
Y a continuación dejó todo muy claro
      No soy tu Cosi-  ¿Hubo un leve dejo de nostalgia?
      Mi marido cambió tu Cosi por su Manu, Manuela le resultó muy largo — ¡Mi Cosi casada! ¡Absurdo!
      Hasta mis chicos me llaman así-
Las barbaridades no lo son menos porque se digan con una sonrisa divertida.
      ¿Te...te...tenés hijos?
      ¡Siii! Tres, la mayor está por hacerme abuela
      ¡Abuela!
La frescura, la inocencia, las dudas interminables que precedieron a su entrega, que nunca fue abandono. Las fantasías de una familia, hijos que, concedo, sabíamos que nunca tendríamos. Yo estaba enamorado hasta los dedos de los pies. Solo ella existía y había celos, tardes de besos interminables, peleas y reconciliaciones. Y la primera vez para los dos y muy pocas más.
Su familia decidió irse a vivir a Uruguay y nos separamos jurando que volveríamos a encontrarnos. Siguió el tiempo del dolor. Algunas cartas, cada vez más cortas. Y la nada.
Después hubo otras, otros nombres, otros apelativos, que se repitieron hasta terminar con la sorpresa y empezar con la hipocresía.
Solo mi Cosi me tuvo pendiente de su satisfacción, que posibilitaba la mía. Me gusta besar una mujer. Pero a ella; me gustaba besarla porqué a ella, le gustaba que la besara.
¿Sería igual con esta “Manu”? No lo creo, los tiempos dignos pasaron.
La extraña seguía hablando. Apilaba datos para confirmar la impostura. Apelaba a mi memoria. Hasta se atrevió a tararear una zamba. Claro que no pudo lograr su voz fresca y clara. Yo no sabía cómo salir de allí, alejarme de esa mentirosa que, vaya a saber con qué intención, pretendía tomar el lugar de mi Cosi.
Dije dos o tres pavadas, le seguí la corriente, y, en la primera oportunidad, balbuceando excusas y saludos, salí, casi corriendo. Mientras bajaba vi que se le acercaba un tipo gordo, de bigotes, más o menos de mi edad. ¡Mi Cosi con un viejo así! ¡Inconcebible!
Pasé, casi sin darme cuenta, las puertas que dan a la plaza. Caminé, tarareando zambas, atravesando los ramalazos de sol que dejan pasar los tilos 
Que va decir mi Cosi si se entera que anda por acá, tan lejos de nuestro pueblo, una mujer grande, cargada de carnes, con hijos que no son nuestros y la llaman Manu. Que sabe mucho de cuando nosotros empezamos a vivir e intenta, con una voz cascada, cantar sus zambas

Me lo prometí, solemnemente. Un día de estos, en cuanto me anime, la voy a buscar para contárselo