martes, 6 de diciembre de 2016

Los dias de hoy

A las siete de la mañana suena el celular y, antes de levantarme me dice la hora y agrega la temperatura. Un momento después huelo el café que la máquina me prepara cada día a la misma hora. Me baño con el agua que el termo tanque mantiene a mi gusto, a pesar de usarla una sola vez al día. FaceBook me ordena desearles felices cumpleaños a amigos y completos desconocidos que, por un día encontrarán que una multitud los tiene presentes. Sin que lo pida me presenta recuerdos que una máquina decide que son importantes, no se para quien, para mí no.

Me invita a eventos, me tienta a crear otros, me muestra adorables chicas que, parece están locas por mí, y que, sin conocerme, quieren ser más que amigas. Añorando los días en que corría de un lado a otro para pagar mis cuentas, aprieto símbolos en la pantalla. Por lo menos estoy sentado en casa. A veces recuerdo cuando existían los días de cobro, nos alineábamos frente a la tesorería y desde ahí, mirábamos envidiosos a los cadetes que salían con sobres que contenían el sueldo de los jefes y gerentes, cuando me tocó a mí, el día de cobro despachaba rápido a todos “para que cobres rápido” decía, para marcar la diferencia de clase, era la realidad. Ahora el cobro está protagonizado por una máquina cuadrada, gris y antiséptica, en un banco cerrado por mamparas y que miro desde la puerta ya que antes me expulsó y no me deja llegar a las cajas y ¡hablar! Con una persona. Mientras tanto una, dos, diez cámaras filman y registran cada uno de mis movimientos. Pero bueno, mientras los papeles que la máquina dice que tengo, alcancen para cubrir los cuadraditos de plástico que uso para obtener cosas, puedo quedarme tranquilo y leer en el cuadradito negro y su pantalla con el tamaño de letra y el color y el tono que más me gusta. Almacena la misma biblioteca que antes, ocupaba tres paredes. Terminator todavía no llega, pero debe estar al caer

domingo, 27 de noviembre de 2016

Hasta siempre comandante


Sus enemigos dicen que fue rey sin corona y que confundía la unidad con la unanimidad.
Y en eso sus enemigos tienen razón.
Sus enemigos dicen que si Napoleón hubiera tenido un diario como el “Granmma”, ningún francés se habría enterado del desastre de Waterloo.
Y en eso sus enemigos tienen razón.
Sus enemigos dicen que ejerció el poder hablando mucho y escuchando poco, porque estaba más acostumbrado a los ecos que a las voces.
Y en eso sus enemigos tienen razón.
Pero sus enemigos no dicen que no fue por posar para la Historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión, que enfrentó a los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán, que sobrevivió a 637 atentados, que su contagiosa energía fue decisiva para convertir una colonia en patria, y que no fue por hechizo de Mandinga ni por milagro de Dios que esa nueva patria pudo sobrevivir a 10 presidentes de los estados unidos, que tenían puesta la servilleta para almorzarla con cuchillo y tenedor.
Y sus enemigos no dicen que Cuba es un raro país que no compite en la copa mundial del felpudo.
Y no dicen que esta revolución, crecida en el castigo, es lo que pudo ser y no lo que quiso ser. Ni dicen en gran medida el muro entre el deseo y la realidad fue haciéndose más alto y más ancho gracias al bloqueo imperial, que ahogó el desarrollo de una democracia a la cubana, obligó a la militarización de la sociedad y otorgó a la burocracia, que para cada solución tiene un problema, las coartadas que necesita para justificarse y perpetuarse.
Y no dicen que a pesar de todos los pesares, a pesar de las agresiones de afuera y de las arbitrariedades de adentro, esta isla sufrida pero porfiadamente alegre ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta.
Y sus enemigos no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla.
Galeano del libro Espejos. Una historia casi universal. 

El Hugo

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Mabel Pampín

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