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miércoles 28 de diciembre de 2011

La finadita


   Algunos dicen por ahí, que la encontraron en la entrada de la capilla, o cerca del arroyo Hasta hubo quien dijo que se aparece, toda vestida de negro, en los velorios
   Solo se la nota por un ligero airecito frío que te da de golpe “Pasó la Clara” eso dicen los paisanos. Y ahí nomás dejan lo que tienen en las manos para persignarse. Pero no por miedo, o para espantar alguna yeta. Muchos en el campo viejo la conocieron y la saludan como pueden. O como les parece que hay que saludar a una finadita
   Y mas que era, o mejor que fue, la mujer del encargado que estaba antes ¿No? O que es, yo soy medio bruto, pero se me hace que, si se aparece, es que está
   ¡Seguro! Y si alguno duda, ahí está el Torito, un petizo bayo, hijo de la yegüita que ella montaba siempre. Un animal mansito, casi como un perro, que se pone como loco cuando la sombra pasa cerca.
   ¡Que linda mujer que era! El día que el encargado la trajo el tren se atrasó y, para cuando llegaron a las casas, ya eran como las once de la noche. Se sabía que iba a casarse, pero dejó a todos con la boca abierta cuando, de mañana, la vieron. El Julio y Carvajal se codearon cuando apareció con el pan. Todavía no clareaba y el frío había hecho un montón de espejitos en los charcos, al lado del abrevadero chico
   ¿Y no dijo nada? ¿No le dio bola a nadie?
   ¡Ja! Como para que algún mirón se anime a cruzar delante de los ojos del marido, como carbones eran cuando se enojaba ¡Una rayita apenas abajo de tremendas cejas, y para colmo, el encargado era mal llevado y camorrero
   ¿Ahí fue que empezó la inquina con el Carvajal?
   Ya se la tenía jurada por lo de las lecheras que dejó sueltas en el potrero de embarque ¡Y encima no va que la mujer se le queda pegada a la vista! Todos nos dimos cuenta. El Carvajal ni se molestó en disimular. Le sacó hasta el pañuelito con los ojos. Y después lo miró al marido ¡Qué loco era Carvajal! Capaz de jugarse la mensualidá en una mano y tan campante si perdía como si ganaba
   ¿Y nadie maliciaba nada?
   ¡Ni de ahí! Nadie sabía
   Se lo tenían muy guardado
   Después de esa primera mañana, todos esperábamos el momento en que la Clara salía de la casa chica Si Carvajal andaba cerca, era como si se nublara y, de la nada, aparecía el marido ¡Siempre estaba a la pesca!
   Y a la final pescó  ¡Pobre tipo! Que mal que le salió el celoso
   ¡Y que se iba a imaginar! Ella había pedido que le ensillen la yegua y el Carvajal se ofreció enseguida. Hablaron un rato largo antes de que ella se fuera para el pueblo ¡Y como le sonreía cuando  la despidió moviendo la mano!
   Pero ¿Se fueron juntos?
   Nooo, para nada. El salió al rato para el lado de la aguada. Pero, después de semejante despedida, todos se pusieron a exagerar; que se encontraban todos los días. Que ella lo salía a buscar cuando el andaba arreando. Yo escuché algunos chismes. Nadie sabía nada, pero ¡Como hablar es gratis! El encargado estaba loco de celos ¡Ni se movía de al lado de la tranquera esperando que vuelva la mujer! Como a la hora llegó el Carvajal. Al tranco venía, se lo veía cansado, pero estaba contento Cantaba una milonga cuando se acercó hasta donde esperaba el encargado
   ¿Venia solo?
   Por eso no pudo decirle nada. La Clara llegó al ratito, acalorada, despeinada ¡Se reía sola! Y claro, el marido se puso loco con razón, lo escuchamos gritarla hasta bien tarde. Cuando trajo el pan, al otro día, tenía unas ojeras como anteojos y un moretón en el carrillo
   ¿Y el encargado?
   ¡Estaba que quemaba¡
   ¿Usté estaba cuando se enfrentaron?
   ¡Todos estábamos! El marido lo encaró a Carvajal y le advirtió que si lo veía otra vez cerca de la Clara lo iba a moler a golpes
   ¿Y él?
   ¡Ni bola! Lo miró con la sonrisa torcida y le preguntó: ¿Por qué no se anima ahora?
   ¿Y ahí se metió el capataz?
   Los separó y se llevó al encargado. Al que no vio nadie fue al Julio cuando se fue para la casa chica
   ¿Nadie se avivó de nada?
   Y no, nunca ¿Quién se iba a imaginar? Eran amigos, trabajaban juntos, jodian, se hacían chistes. Como todos ¿Vio?
   ¡La muerte estaba en el lavadero de las casas! Y alguno la descubrió. La finadita estaba en un charco de sangre. La cabeza casi cortada. Y los ojos abiertos. ¡Qué cagada hermano! ¡Todos a los gritos!
   Me contó el Huguito que el Julio se vino caminando como si nada mientras limpiaba el cuchillo con un trapo.
   Ahí nos avivamos, en pleno quilombo. Si, mientras todos nos tirábamos de los pelos, ellos estaban aparte, hablando como si nada. Yo vi cuando Carvajal le puso las manos en los hombros al Julio; y después lo abrazó ¡Eso lo vi yo! Y cuando llegó la policía, el Julio los encaró muy tranquilo
   ¡Se habrán quedado duros!
   ¡Y qué le parece! La mató de celos; creyó que Carvajal lo había cambiado por ella
   ¡¿Y a lo mejor?!
   Nadie supo porque ella volvió tan feliz esa tarde, que fue la última
   ¿Y Carvajal?
   La policía se lo llevó junto con el Julio ¡Más que nada para que no lo agarre el encargado! Dicen que en cuanto salió del destacamento se tomó el micro de las diez para Bahía y nunca más se supo Ni pidió la cuenta; desapareció. Esa noche la muerte anduvo riéndose por la matera. Nubes negras taparon la luna, y eso que cuando apareció, brillaba solita en el cielo Una tormenta machaza de agua y fuego se desató sobre el campo. Y en medio de la tempestad, entre los truenos que hacían retemblar la tierra y los relámpagos que metían miedo, la yegua de la finadita, se soltó y salió al galope Y ahí nomás, un rayo la cortó como un cuchillo de fuego. Desde entonces el encargado anduvo hecho una sombra, daba lástima verlo. Al final le prepararon la cuenta Dicen que ahora vive en la Capital ¡Borracho perdido!
   Se habló mucho de cómo había sido
   Si, pero al final se inventó mas
   Hasta el patrón, se preocupó por todo lo que decían. Bajó desde la capital y andaba preguntando a todo el mundo ¿no?
   Para completar la cosa, llegó la inundación. Treinta días seguidos de agua, con gotas como baldes. Los potreros eran puras lagunas y las vacas se ahogaban. Tanta desgracia trajo otros cuentos y todo pasó a ser historia. Hasta la noche de todos los muertos. La mujer del encargado nuevo estaba preparando la masa para los panes cuando sintió que alguien estaba en la cocina, se dio vuelta y ahí la vio. ¡Una sombra oscura y fría parada al lado de la puerta! La pobre mujer se quedó muda de miedo y, cuando le volvió la voz, empezó a los gritos, todos salimos corriendo a ver que pasaba
   Desde esa noche, Clara anda por el establecimiento Ya no asusta a nadie, la gente se acostumbró
   Dicen que lo busca al Carvajal
   ¡Andá a saber!