sábado, 9 de septiembre de 2017

LA CHICA DE LA ESQUINA

Usa como vidriera el antepecho de la ventana en la ochava de una esquina discreta, pollera muy corta, escote con ofertas y un saco calado que no tapa ni abriga. Un eterno cigarrillo acompaña las horas de miradas curiosas, evaluativas, despreciativas, a veces intrigadas por la sonrisa que invita. La mujer en su esquina, una cuadra más allá un travesti. Tan prolijo, tan arregladito, tan mujer. Ella no está para eso. No le interesa gustar, no sirve, ella no siente, los hombres son solo trabajo. Pero sabe que se miente. Ronda un patrullero y dos pares de ojos la miran; tiene miedo. Como ocultándose, se acerca un auto que parece querer detenerse junto a la mujer . lo conoce, es el chabón que no se lava nunca, pero termina rápido ¡Dios bendiga al que inventó el forro! - El auto acelera de golpe, arrepentido, simulando no verla. Se refugia del rocío helado en el vano de una puerta y enciende otro cigarrillo - ¿Y por qué me va a ver? A lo mejor; solo me ven cuando las otras no quieren, las que están en casa, con los ruleros puestos, la comida caliente, los pibes que las volvieron locas. Las que, antes de llegar el macho, se hacen la cabeza con el de la novela. ¡Si las boludas vieran la cara de pelotudo que ponen cuando me piden el precio! ¡Si esas boludas supieran! Si yo lo hubiera sabido cuando pensé que ya me sabía todo. ¡Este chabón no se me escapa! - Hola bebé ¿Querés salir? -
Por un rato la esquina está sola y la extraña. Cuando vuelve; ya la noche está llegando. Así decía la abuela hace una eternidad, cuando había alguien que la llamaba para jugar, comer, dormir. Allá, tan lejos como en otra vida. En el mítico pueblo decorado por la ausencia hasta que quedó bonito.


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