sábado, 9 de septiembre de 2017

LO DE SIEMPRE

Humo, niebla que oculta y ahueca sonidos. Figuras silenciosas rodeando el fuegos, que agita los contornos. Un chico, un bulto en las sombras nocturnas del árbol, erguido en el borde del basural, vomita y murmura incoherencias. Deja su refugio y camina sin rumbo. Hay una avenida y gente que se aparta, asqueada por los costurones de mugre y el olor. Asustados ante la mueca que estira los labios y deja al descubierto los dientes amarillos. Una cortada en la frente desprende un hilo de sangre, ya seca. Chocando las paredes, la cabeza que estalla y las náuseas. Se cae, percibe figuras borrosas que lo rodean. Quiere levantarse, no puede. Las arcadas son una batalla perdida. Una sirena pide paso. Está acostado bajo una luz que lo deslumbra, a pesar de los ojos cerrados - ¡¿Cómo te llamás?! - La voz sin cuerpo, vuelve a preguntarle, y otra vez y otra y otra. La oscuridad va llegando de a poco, cierra los ojos y se deja ir.
Mira alrededor sin moverse. Está muy oscuro, no tiene ropa, solo un camisón. En la otra cama un muchacho, la cara muy flaca, la piel amarillenta - ¿Qué tomaste che? - Y, merca, que se yo, me fui al carajo, me pasé y quedé colgado mal, casi ni me acuerdo de nada, me deben haber tirado la ropa a la mierda porque estoy en bolas - Bueno, parece que estamos muy bien - La voz dulce, amable, no oculta la fórmula tras la aseveración - Levantate la bata – El hombre apoya el estetoscopio en el pecho flaco, lleno de surcos - ¿Cómo te hiciste esto? - Me enrede en un alambre de púas - No dice que fue cuando se escapó de la granja a la que lo mandaron cuando cayó por primera vez - Bueno pichón, te vas a quedar acá, tres días más o menos, ahora te van a poner un suero, te tenés que desintoxicar ¡Te salvaste de milagro! ¿Tenés un pariente a quien avisar? ¿Dónde vivís? - Contesta cualquier cosa, igual ellos no se preocupan demasiado, y el ya decidió escaparse.


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